A raíz del terremoto del pasado 19 de septiembre 2017 en México (y especifico año porque también hubo un terremoto esa misma fecha pero en 1985, donde también me enlisté como voluntaria), he estado pasando por distintas etapas de la enfermedad que me dejan claro que la Fibromialgia tiene más de un rostro que mostrar. De hecho ese desagradable temblor no sólo movió todo mi departamento donde sólo se cayeron lámparas, también movió mi interior. De nuevo mi perspectiva de la vida fue puesta a prueba.

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Ver la tragedia y la necesidad humana por segunda vez en mi vida, me forzó a recordar los eventos que marcaron mi vida y que me llevaron quizá hasta este punto: a vivir y convivir con esta enfermedad.

  1. Fui testigo de la masacre de Tlatelolco contra los estudiantes en 1968 dirigida por el gobierno de un horror de presidente apellidado Díaz Ordaz. Yo tenía 6 años y vi cosas que no describiré por no mover más, pero fue un evento que no olvidaré nunca.
  2. Terremoto del 19 de septiembre de 1985 en CDMX (entonces DF), donde miles de personas perdieron sus casas y la vida. Durante varios meses se percibía el olor a muerte y dolor. Mis hermanos, mi entonces esposo, mi padre y yo nos ofrecimos como voluntarios rescatistas pues hacían falta miles de manos para rescatar atrapados en Tlatelolco (nuevamente cito Tlatelolco porque ahí vivían mis padres). En ese momento sentí una enorme impotencia. Éramos en mi equipo como 30 personas tratando de levantar un muro de edificio para sacar a personas que se lamentaban entre los escombros. No pudimos hacer mucho. Poco a poco nos ganaba el silencio de sus voces. No pude resistirlo mucho tiempo. Una experiencia inenarrable.
  3. Divorcio difícil de llevar por mi corta edad y por el humillante motivo.
  4. Accidente automovilístico de mis hijos y su padre en la carretera de Cuernavaca y en donde casi pierden la vida los tres. Meses de recuperación emocional y de terapias físicas para mi hija.

Esta ocasión mi hija y yo nos ofrecimos de voluntaria para hacer cientos de refriegerios para rescatistas. No duré mucho. La diferencia entre años anteriores en que pude sobrellevar bien las situaciones y el ahora, es que hoy tengo fibromialgia y es aquí donde empiezo a descifrar las caras que tiene la fibromialgia.

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La adrenalina que corría por mi cuerpo durante las primeras de este último terremoto fue un factor que detonó en mí, mucha energía misma que destiné para atender esta necesidad humana. Tras 4 o 5 horas parada en constante agacharse y levantarse empezó el dolor de piernas y columna. La fibromialgia me empezó a hacer el gesto de desagrado.

Opté por cambiar de tipo de voluntariado. Ofrecí los servicios que doy a mis clientes como Social Media Manager y Community para publicar las necesidades de los principales centros de acopio de la ciudad y alrededores de forma gratuita. Se dice fácil. Fueron horas tan intensas de trabajo durante varios días y sus noches que terminaba agotada al extremo. ¡Y eso que me la pasé sentada frente a mi computadora! Fue menos extenuante que la producción de refrigerios, claro está; pero de cuando en cuando pensaba. ¿Es un cansancio tal por la fibromialgia o porque en realidad la actividad en sí es fuerte por la demanda de artículos para distintos puntos donde había crisis humanitaria? Creo que fueron las dos. Mis emociones estaban al cien. Motivada, fuerte, tenaz, consciente.

Tras tanto ajetreo y la oleada de trabajo que afortunadamente llegó, no tuve más tiempo para dar la continuidad que merece un blog que se precie de ser bueno. Tras tanta explosión de cosas fortuitas tuve varios “brotes” de fibromialgia. Entre parestesias, dolores de cabeza y de piernas pasé esas semanas intensas con mucha energía que de pronto se convertían en bajadas en picada y no podía mover un sólo dedo. Para ello, tomé intervalos de descanso y sueño a fin de recuperarme del agotamiento.

Todo esto que les platico es parte del día a día de una persona con el padecimiento. Es complicado llevar una vida estable, normal. Nunca sabes cómo vas a amanecer y cómo, durante el día, el agotamiento acompañado de dolor, se van a manifestar de forma tal, que no puedes terminar tus rutinas. A esto me refiero cuando digo que la fibromialgia tiene muchas caras. Son tantas las formas que cada persona tiene para responder ante tantos estímulos externos e internos que es difícil mantener la misma sonrisa iluminando tu rostro cuando se tiene una enfermedad tan compleja.